La mayor parte de un día laborable la pasamos en el trabajo. Cada día, de lunes a viernes, pasamos un mínimo de ocho horas en lugares habitualmente cerrados y con poca o ninguna iluminación exterior. Este es el caso particular de las oficinas, por lo que una adecuada iluminación de estos espacios es muy importante y tiene influencia en dos aspectos principales: la productividad y, más importante, la salud de los trabajadores.
En este artículo veremos los tipos de iluminación presentes en las oficinas, la calidad de una iluminación saludable y otros factores que influyen en la iluminación.
Tipos de iluminación en oficinas
En una oficina bien iluminada encontramos cuatro tipos de iluminación:
- Natural. Es la que luz que penetra por ventanas, tragaluces o claraboyas. Dado su origen y naturaleza, no consume energía, y es la idónea para mejorar el bienestar y el estado de ánimo de las personas.
- General o ambiental. Proporciona una luz uniforme y su función es iluminar adecuadamente todo el espacio, garantizando un nivel básico de iluminación.
- Focal. Está diseñada para iluminar áreas específicas, en las que se realizan tareas concretas, como leer, escribir o trabajar en el ordenador. Al proporcionar luz directa donde más se necesita, ayuda a reducir la fatiga visual.
- Decorativa. Permite destacar elementos específicos del diseño, como elementos decorativos, muebles o características arquitectónicas. Su función es aportar un toque estético y atractivo al entorno.
En una oficina coexisten luz natural, general o ambiental, focal y decorativa.
La calidad de una iluminación saludable
A la hora de diseñar los distintos puntos de luz que deben colocarse en un espacio hay que tener en cuenta la función que cumple cada uno de ellos. Por ejemplo, mientras para una iluminación ambiental emplearemos sistemas de luz blanda e indirecta, para una iluminación focal emplearemos una luz dura y directa.
Estas son las cualidades de la luz que debemos tener en cuenta.
- Temperatura. Medida en grados Kelvin (°K), según el valor de esta conseguiremos diseñar espacios cálidos (< 3 000 °K), neutros (de 3 000 °K a 5 000 °K) y fríos (> 5 000 °K). Las iluminaciones cálidas generan una sensación de descanso, es una temperatura que asociamos al ocaso del sol o la llama de una vela (1 850 °K); por tanto, este rango de temperaturas es ideal para áreas de descanso. En cambio, las iluminaciones frías se asocian a la luz solar en su apogeo (6 500 °K), a la actividad. En el caso de las oficinas, lo ideal es utilizar bombillas neutras, entre los 3 000 °K y 5 000 °K.
- Difusión. La difusión de la luz puede ser blanda o dura. La primera es una luz difusa, crea la sensación de uniformidad, sin transiciones contrastadas entre las zonas más iluminadas y las más oscuras. En cambio, en el caso de la luz dura, se producen claros contrastes luz-oscuridad entre las zonas iluminadas y las no iluminadas. La primera es ideal para zonas comunes o de paso, mientras que la segunda se emplea para concentrar la iluminación en un punto de trabajo o destacar elementos de la decoración o la seguridad.
- Intensidad. La intensidad de la luz se mide en lux o lúmenes por m2. Cuanto mayor sea su valor, mayor cantidad de luz emitirá una bombilla. En los centros de trabajo, la luz suele oscilar entre los 500 lux y los 750 lux, si bien este valor vendrá definido por la función que realiza el punto de luz.
- Color. Actualmente se fabrican bombillas en diversos colores, incluso de color variable definido por el usuario. Tienen un uso principal decorativo, pero también pueden emplearse con fines funcionales y de señalización.
La función del punto de luz definirá sus características.
Otros factores que influyen en la iluminación
La iluminación que percibimos nunca vez es directa, siempre procede reflejada de los suelos, paredes o mobiliario. Además, también puede venir regulada bien por cortinas, caso de la luz natural, bien por reguladores eléctricos, filtros o diafragmas, como es el caso de la luz eléctrica. Otro factor que influye en el tipo de luz es la tecnología de las bombillas empleadas. En Europa, actualmente está permitido el uso de las tecnologías LED, fluorescente (compacta y lineal) y halógena, esta última en casos específicos. Según la tecnología seleccionada, la luz tendrá unas características u otras y afectará a la durabilidad y consumo de las bombillas, siendo las bombillas de tipo LED las que mayor vida útil (unas 25 000 horas) y menor consumo tienen (alrededor de los 10 W, para una bombilla estándar).
Los sistemas de regulación y la tecnología de las bombillas definirán las posibilidades del uso de la iluminación.
Conclusión
A la hora de afrontar un proyecto de iluminación, tenga en cuenta siempre el resultado final deseado, pues este definirá el tipo de iluminación que deberá instalarse. Dicha instalación dependerá de cuestiones normativas, pero también funcionales y de decoración. Deje asesorarse por un instalador eléctrico cualificado.